Lo que sucedió hoy.
Odio cuando quiero gritar, pero mi voz se esconde en algún lugar.
Ya no quiero llorar sola, y la costumbre de hacerlo así no me deja limpiar mi alma.
Me siento encerrada en un cuarto de paredes que no existen.
A veces recuerdo el lugar donde guarde la llave, que abre la caja en la que se encuentra la solución de todo este misterio. Después recreo todo y se me olvida, el recuerdo, la caja, la solución y la llave se pierden, desaparecen de mi mente.
Cuento con la persona adecuada, la persona a la que le puedo transmitir todo lo que tengo dentro de mi mente; pero este miedo de que toda la niebla, todo el dolor, todo el llanto, todo el recuerdo, salga de estas cuatro paredes inexistentes no me deja sacar todo lo que me hace daño.
Quiero dejar la costumbre de hacerlo todo sola, porque hay cosas que puedes hacer sola, más nunca las sabrás sobre llevar sola, siempre necesitas a alguien que esté dispuesto a escucharte. Yo tengo quien me escuche, pero siento más miedo.


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