Hoy es el día en el que lo último que muere… murió.
Recuerdo cuando tirados en la calle, viendo las estrellas, hablábamos de la muerte y de lo poco que nos importaba, no le teníamos el mínimo temor, nos burlábamos e imaginábamos como algún día íbamos a morir jóvenes y súper junkies, súper drunks.
Y veme ahora, no estoy ni tirada en la calle, ni acida, ni ebria. Ahora solo estoy tirada en la cama recreando recuerdos, viendo estrellas que no existen ya, estrellas que un día pude tomar con la mano. Veo tu sonrisa y el cómo un día dejamos de creer en nuestra biblia “Vive rápido, muere joven” y el cómo reíamos hasta la muerte, ¡sí! la muerte joven que tanto añorábamos, reíamos de como pudimos pensar en no vivir nuestras etapas.
Fue tu madre, o tal vez la mía, con uno de los sermones (que tanto odiábamos escuchar), que nos convenció totalmente de dejar la idea de no sentir lo que es vivir, fue uno de esos sermones que nos regresó, nos hizo volver, nos hizo caer, nos tumbó de nuevo al asfalto, donde el tiempo se detenía y las lágrimas no existían, solo era agua que salía del alma, agua que purificaba hasta el alma más sucia.
Ahora le temo a la muerte, no a mi muerte, porque es la que más espero. Me muero de miedo cuando recuerdo esta sensación de no tener a quien más quieres. Primero papá Jesús, y su cara roja, y su ataúd tan largo como él; después Belem y el canto de las sirenas que ella tanto amaba y que ahora yo odio, le siguió Agustina y su imposibilidad de recordar mi rostro, pero si mi nombre, su manera de creer que yo aún era su niña, fuiste tú el siguiente con tus ganas de decirme todo y mi egoísmo al no querer escuchar nada, más mi arrepentimiento de no haberte ayudado a dejar las alas, con las que volábamos juntos, pero que a ti te hacían daño, solo querías volar por volar, y un día yo te deje caer. Hoy el recuerdo más cercano que tenía de ti, con quien podía sentarme a hablar horas, con quien podía recordarte sin llorar, hoy se fue Esperanza, porque no es ella la última que muere.
Aun me duele cuando la gente me ve purificando mi alma, por eso les lloro en silencio, en mis cuatro paredes, donde escribo esto.



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